Su excedente se queda quieto en la corporación y paga por estarlo. Cada año que pasa, la cuenta que van a heredar sus socios y su familia crece con él. Estructurarlo cambia las dos cosas.
El excedente que se invierte en cartera puede costarle a la empresa la tasa reducida sobre lo que produce.
En Ontario se pierde la porción federal, no la provincial: menos de lo que suena, y sigue siendo dinero. Lo que decide la tasa de este año es el ingreso pasivo del anterior.
Si mañana falta uno de los dos, el que queda negocia la empresa con la familia del otro.
Sin un convenio financiado, esa conversación empieza sin el dinero para comprar — y la familia del otro no tiene por qué esperar.
Sin congelamiento, lo que se grava el día que usted no esté crece sin techo junto con la empresa.
Congelar fija hoy esa cuenta. Recién cuando es calculable se puede financiar, y ahí es donde entra la póliza.
La corporación es dueña y pagadora de la póliza; el asegurado es usted.
Esta la hacemos nosotros, bajo licencia LLQP.
El dinero que hoy se acumula como ingreso pasivo se reposiciona dentro de una póliza exenta.
Esta la hacemos nosotros, bajo licencia LLQP.
La empresa se asegura contra la muerte o la invalidez de quien la sostiene.
Esta la hacemos nosotros, bajo licencia LLQP.
La póliza pone el dinero para que los socios que quedan compren la parte del que falta.
El convenio lo redacta su abogado. La póliza que lo financia la hacemos nosotros.
Se fija el valor de hoy para que el crecimiento futuro pase a la siguiente generación.
Lo ejecutan su abogado y su contador. El seguro que lo sostiene lo estructuramos nosotros.
El beneficio llega libre de impuesto y sale a los accionistas como dividendo de capital.
La declara su contador. La póliza que la alimenta la diseñamos nosotros.
Vino a mover el excedente de la corporación a una póliza exenta. Ya sabía qué quería; venía por el cómo.
Salimos con eso hecho y con la cuenta de once años de retraso en su retiro, que no había venido a pedir.
Cincuenta por ciento cada uno, dos hijos en la casa. Querían saber qué pasa con la empresa, y con los chicos, si uno de los dos falta.
No había convenio de compraventa ni póliza que lo financiara. Salió el convenio a su abogado y persona clave sobre los dos.
Facturaba por su corporación y el excedente se acumulaba como ingreso pasivo. Sabía el nombre de lo que quería: congelamiento patrimonial.
El congelamiento lo ejecutaron su abogado y su contadora. Acá se estructuró el seguro que lo sostiene.